
El biogás, a lo largo de los años, se ha consolidado como una fuente de energía que aporta cada vez más valor: no solo beneficia a la sociedad y al medioambiente, al reducir emisiones contaminantes, sino que también impulsa a la agroindustria y a la agricultura, dos sectores clave para nuestro país. Representa, además, una forma concreta de cuidar el planeta, generar energía más limpia y disminuir la dependencia de los combustibles fósiles.
Hoy podemos encontrar múltiples experiencias en Argentina que evidencian su potencial. Estos casos no solo muestran la utilidad real de esta energía renovable, sino que refuerzan algo fundamental: contamos con una enorme capacidad para avanzar hacia un futuro más sostenible.
¿Qué es el Biogás?
El biogás es el producto que se obtiene a partir de la digestión de biomasa. Esta biomasa es materia orgánica de origen animal o vegetal que encontramos en la superficie terrestre y abarca residuos agrícolas, forestales, restos de diversas agroindustrias e incluso cultivos energéticos.
Llamamos biogás a la mezcla gaseosa compuesta principalmente por metano, entre un 50% y un 70%, dióxido de carbono y pequeñas proporciones de otros gases como hidrógeno, nitrógeno y sulfuro de hidrógeno.
A partir de esta bioenergía podemos generar electricidad y gas. Esto se logra mediante motores de combustión interna instalados en las plantas de biogás, que funcionan alimentados directamente por el gas producido en la digestión anaeróbica. Este biogás puede provenir del digestor o almacenarse previamente en un gasómetro externo, que actúa como reserva.
Además, el proceso genera biofertilizante, lo que convierte al biogás en una alternativa especialmente atractiva, permitiendo producir energía y abono a partir de desechos orgánicos, aprovechando de forma eficiente los recursos que genera la agricultura.
¿Cómo se produce?
En esta etapa, la materia orgánica pasa de un estado sólido a uno gaseoso. El sustrato se introduce en un dispositivo hermético llamado biodigestor, donde ocurre la digestión anaeróbica, compuesta por cuatro fases biológicas fundamentales:
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Hidrólisis. Las bacterias hidrolíticas liberan enzimas extracelulares que descomponen los polímeros orgánicos complejos en moléculas más simples: azúcares, ácidos grasos y aminoácidos. El objetivo de esta fase es solubilizar la materia prima para que los microorganismos puedan aprovecharla.
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Acidogénesis. En esta fase, las bacterias acidogénicas fermentan esos monómeros solubles y producen Ácidos Grasos Volátiles (AGV), alcoholes, dióxido de carbono (CO2) e hidrógeno (H2). Como resultado, se reduce el pH del medio.
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Acetogénesis. Las bacterias acetogénicas transforman los AGV y alcoholes en ácido acético, además de generar más hidrógeno y dióxido de carbono. Para que esta etapa sea eficiente, es clave que los microorganismos metanogénicos consuman el hidrógeno rápidamente.
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Metanogénesis. Finalmente, los microorganismos metanogénicos utilizan los productos anteriores para producir biogás. Este paso puede darse mediante dos vías:
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Vía acetoclástica: el acetato se transforma en metano.
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Vía hidrogenotrófica: el H2 y el CO2 reaccionan para formar metano (CH4) y agua (H2O).
Una vez completado el proceso, se obtienen dos productos principales:
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Biogás, que se almacena y luego se utiliza para generar energía eléctrica y térmica.
Digestato, un subproducto rico en nutrientes que puede procesarse para elaborar fertilizantes orgánicos.
Bioeléctrica - Río Cuarto
Argentina ya es productora consolidada de bioenergía, y un caso clave es la planta de Bioeléctrica, ubicada en la ciudad de Río Cuarto. Esta planta de energía renovable trabaja en conjunto con Bio4, la empresa dedicada a transformar residuos de maíz en bioetanol y otros productos, también radicada en la misma ciudad, en la provincia de Córdoba.
Bioeléctrica inició sus operaciones en 2017, convirtiéndose en la primera planta de este tipo en la zona. Desde entonces, su crecimiento ha sido constante: pasó de generar 4 MM KWh en sus inicios a 90 MM KWh en 2022, posicionando a Córdoba como la segunda provincia productora de biogás a nivel nacional, solo detrás de Buenos Aires.
La planta recibe, procesa, almacena y transforma materia orgánica en metano a través de grandes digestores con parámetros controlados. Ese metano, gracias a su poder calorífico, permite generar energía eléctrica, térmica y también digestato, el subproducto aprovechable como fertilizante. Bioeléctrica destaca su “doble impacto”: por un lado, contribuye a retirar gases de efecto invernadero de la atmósfera y, por otro, produce energía renovable que ayuda a desplazar fuentes fósiles.
Hoy, la planta supera los 140 MM KWh generados, marcando un avance significativo para la industria y para el cuidado del medioambiente.

Fuente: Bioeléctrica
Sin dudas, estamos frente a una forma extraordinaria de producir energía y gas de manera mucho más limpia, reduciendo significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Es un proceso que requiere inversiones y un gran trabajo técnico, pero con gestiones adecuadas y equipos capacitados, el biogás demuestra un potencial enorme para generar beneficios reales para la sociedad y acompañar la transición hacia un futuro más sostenible.
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